A LA VILLA VOY: Glosas en el Cancionero Sevillano de Nueva York (sign. B 2486)

Bilvao

De la enorme popularidad que gozó durante siglos el villancico “A la villa voy”, cuyo texto fue glosado por muchísimos autores, da buena muestra Margit Frenk Alatorre [Nuevo Corpus de la Antigua Lírica Popular Hispánica, siglos XV a XVII, 2003]:

– Cancionero Musical de Elvas (s. XVI);
– Cancionero sevillano de Nueva York (sign. B 2486) (s. XVI);
– Poesías Inéditas de Pedro de Andrade Caminha (Ed. J Priebsch. Halle, Niemeyer, 1898);
– Cancionero de Estrada (BNNápoles, ms. I-E-49 (Principios del S. XVII);
– Romancero general 1604 [Romancero general, en que se contienen todos los Romances que andan impressos. Ahora nuevamente añadido y enmendado. Madrid, Juan de la Cuesta, 1604] (BNM)
– Pliegos sueltos, etc…

El texto es el siguiente:

A la villa voy,
de la villa vengo:
si no son amores,
no sé qué me tengo.

Afortunadamente, y a diferencia de otros villancicos y canciones que encontramos en cancioneros literarios y de los que desconocemos su música,  de este popular villancico si la conocemos por encontrarse recogida en el “Cancionero de Elvas” (S. XVI).

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A la villa voy (Anónimo)-  Cancionero de Elvas (S. XVI)

Intérpretes: CONTINENS PARADISI.
Dirigen: Thais Ohara & Marcelo Ohara.
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El Cancionero de Elvas (Elvas, Biblioteca Municipal Publia Hortensia, Ms 11793) (P-Em 11793) [Facsímil] es un manuscrito portugués del siglo XVI con música y poemas de la época renacentista. Es una de las fuentes más importantes de música profana en la Península Ibérica, con obras en portugués y castellano, y fue copiado entre las décadas de 1560 y 1570, aproximadamente.

Está dividido en dos secciones:

Sección I: Con 65 obras musicales. Parte de su contenido se ha perdido, concretamente faltan los folios: f. 1-39, 50, 105, 107 y 109. Carece de índice, probablemente debido a que se encontraba en los folios desaparecidos al principio del manuscrito.
Sección II: Contiene 36 poemas, sólo el texto, sin música.

La parte musical del libro contiene 65 obras polifónicas a 3 voces, en español y portugués, 3 de ellas incompletas. Todas las obras son anónimas. Sin embargo, a partir de la comparación de las piezas con las de otros cancioneros de orígen ibérico, se ha podido determinar la autoría de unas pocas: Juan del Encina (4 obras), Pedro de Escobar (2 o 3 obras) y Pedro de Pastrana (1 obra). La mayor parte de las obras son en castellano, siendo sólo 16 en portugués.

El texto de “A la villa voy” aparece en el “Cancionero de Elvas” de dos formas:

Nº 63  (Sección I, sección musical del cancionero)

A la villa voy,
de la villa vengo,
si no son amores,
no sé que me tengo.
A la villa, a la villa fueron.

Tengo mi cuidado
con dolor crecido,
y es aborrecido
de mi el ganado.
Llena de dolores
la vida sostengo,
sino son amores,
no sé que me tengo.

 

Vilancete Nº 32  (Sección II, sección exclusivamente literaria del cancionero)

A la villa voy,
de la villa vengo,
si no son amores,
no sé que me tengo.

A la villa fueron
mis ojos mirando,
bolvieron llorando,
por otros que vieron.
Ojos me perdieron,
dellos me mantengo,
sino son amores,
no sé que me tengo.

De mi mal estraño
no ay quien se duela,
si alguien le consuela,
es con desengaño.
Del nasció mi daño,
y del me mantengo:
sino son amores,
no sé que me tengo.

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Archer Milton Huntington y la polémica Hispanic Society of America

Se discute desde hace décadas como el material documental y arqueológico de un país, de incalculable valor, misteriosamente desaparecido y/o comprado por multimillonarios sin escrúpulos pasó a formar parte de su propiedad; identificando el siglo XIX y primeros años del siglo XX como el periodo en que el patrimonio en manos privadas (en España aristócratas y eclesiásticos fundamentalmente, con tan pocos escrúpulos como los millonarios compradores), fue más vulnerable a las amenazas (internas y externas) de expolio o enajenación.

El caso de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America (de reciente actualidad), y la tragedia que supuso para España la venta de la biblioteca del Marqués de Jerez de los Caballeros es todo un paradigma.

Escribe  W. George Lovell [PATRIMONIO PERDIDO: Tesoros Guatemaltecos en Colecciones Extranjeras” – Americania. Revista de Estudios Latinoamericanos. Nueva Época (Sevilla), n. 2, jul-dic, 2015], sobre Archer M. Huntington:

“su insaciable apetito por los libros se colmó con la adquisición de la biblioteca (en 1902), considerada la mejor colección de libros en toda España”, por la cual pagó 592.000 francos. La venta de la biblioteca del Marqués indignó a la intelectualidad española, entre la que se encontraba Francisco Rodríguez Marín, quien condenó la transacción con vehemencia al tiempo que criticaba al rico comprador de la biblioteca, el hijo único y principal heredero de Collis Porter Huntington (1821- 1900), emprendedor estadounidense industrial. Escribiendo a Marcelino Menéndez Pelayo, Rodríguez Marín declaró:

“Escribo a usted afligidísimo por una triste noticia, por una gran pérdida para nuestras pobres letras. La biblioteca del Marqués de Jerez ya, desde esta tarde, no es suya: la ha vendido, toda entera, a Huntington. ¡Qué gran desgracia! ¡Cómo si se hubiera tragado el mar ese tesoro, peor aún, puesto que irá a parar a Nueva York! … ¡Más daño nos ha hecho Míster Huntington sólo que todos sus paisanos!”.

Menéndez Pelayo, dos años antes, le había escrito a Rodríguez Marín que “nuestro amigo el Marqués de Jerez trata de enajenar o ha enajenado ya su singular y maravillosa colección de libros de literatura española. Mayor desastre y más irremediable sería éste que los de Cavite y Santiago de Cuba”, añadiendo a continuación: “Yo no tengo relación directa ni indirecta con el señor Huntington, y confieso a usted que le miro con profunda antipatía, porque ha venido a despojar a España de sus mejores libros, haciendo como alarde de su riqueza”.

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EL CANCIONERO SEVILLANO DE NUEVA YORK  (sign. B 2486)

Escribe Margit Frenk [“EL CANCIONERO SEVILLANO DE LA HISPANIC SOCIETY (CA. 1568)”]: «Entre los valiosos manuscritos españoles que Archer M. Huntington compró al Marqués de Jerez de los Caballeros y que se encuentran ahora en la biblioteca de la Hispanic Society of America figura un tomo en 40, encuadernado en “pasta anticuada”, en cuyo lomo se lee Poesías del siglo XVI (sign. B 2486). En un tiempo el ms. perteneció a Gallardo, quien numeró a lápiz sus folios; pero ni Gallardo dejó constancia de este cancionero, ni nadie más, que sepamos, se ha ocupado de él. Aunque sólo fuera por su antigüedad y por su riquísimo contenido -más de 650 textos poéticos-, merece ciertamente un examen detenido […]

cancionero sevillanoEl tomo, de 208 X 153 mm., consta de 299 folios, escritos en su mayoría a dos columnas. Los primeros 37 folios proceden posiblemente de fines del siglo XV o comienzos del XVI; contienen las Coplas de la Pasión y de la Resurrección del “Romano”, o sea del Comendador Román, compuestas hacia 1490, y además (escritos por mano diferente) un poema de Pérez de Guzmán y dos del Marqués de Santillana, los tres sin atribución de autor. Todo el resto del ms. es posterior y fue escrito, en su gran mayoría, por una sola persona […]

La gran mayoría de las composiciones poéticas del cancionero son villancicos y canciones; junto a ellas aparecen, en menor medida, otras formas de la escuela tradicional: coplas reales, castellanas, de arte menor y de pie quebrado, redondillas, glosas en dobles quintillas, romances, perqués. Pero no faltan algunas muestras de poesía italianizante: octavas, liras, sextetos-lira, tercetos, cuartetos y sobre todo sonetos.

Los textos se agrupan en cuatro secciones: dos de poesía religiosa (fols. 38v-52r y 80r-192v) y dos de poesía profana (52v-77r y 193r-299v). Las secciones de poesía devota alternan con las de versos humanos, y ambos tipos ocupan un número casi igual de folios. Curiosa simetría en un cancionero que, a todas luces, no estaba destinado a la publicación, sino al simple entretenimiento de su compilador.

Éste era, por lo visto, un buen conocedor de la poesía castiza. Aunque escribía rápidamente, a veces omitiendo alguna palabra o letra, se le ve consciente de las formas poéticas y escrupuloso en la separación de versos y estrofas. Al mismo tiempo es notoria su escasa familiaridad con la poesía italianizante: muchos endecasílabos están defectuosos. Parece evidente, por algunas “correcciones de autor” y espacios dejados en blanco para completar poesías o estrofas, que varias composiciones del ms. son obra del compilador mismo […]

ToletumEl compilador era uno de aquellos “versificadores hebenes y chirles” que pululaban en la Sevilla de entonces. Sin duda, el cancionero nos da en cierto modo un índice de los gustos de esos seudo-literatos sevillanos durante el tercer cuarto del siglo XVI, de su tradicionalismo en cuanto a formas y concepciones poéticas, de su débil e inexperto flirteo con la poesía al modo italiano; además, de sus poetas preferidos.

Las poesías no llevan nombre de autor. Hemos identificado a los autores seguros o probables de unos setenta textos. De Jorge de Montemayor hay 26 poesías, posiblemente tomadas de alguna edición de su Cancionero y de la Diana; le sigue en frecuencia Gregorio Silvestre (17 textos), cuyas poesías corrían entonces manuscritas (la primera edición, postuma, es de 1582). Otros poetas representados en el cancionero -cada uno con dos o tres textos- son Diego Hurtado de Mendoza, Pedro de Padilla, Gutierre de Cetina, Ramírez Pagán, Gil Polo (véase, al final, el índice de autores). Extraña encontrar sólo una composición del sevillano Baltasar del Alcázar, y absolutamente ninguna de Fernando de Herrera, que ya en 1569 tenía fama de “divino”.

Muchos de los villancicos pertenecen a ese enorme caudal de poesías fugaces que, como bien mostrenco, emigraban de un cartapacio manuscrito a otro, sufriendo continuos cambios, y que aparecían eventualmente impresos en alguno de los cancionerillos tan en boga por esos años […]

La mayoría de las composiciones van encabezadas en el ms. por la palabra otras».

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Cancionero sevillanoMARGIT FRENK, JOSÉ J. LABRADOR HERRAIZ y RALPH A. DIFRANCO [“Cancionero Sevillano de Nueva York”, 1996]: “Son los poemas de este cancionero, por lo general, glosas a estribillos o cabezas que en los años en que se copiaron andaban de moda por las calles de Sevilla y por otras ciudades españolas, como Salamanca, Valladolid o Valencia […] Es éste, por tanto, un cancionero para cantores, más que para lectores, y más que una pieza de museo para gozo de un pudiente lector y de unos cuantos académicos, tiene una finalidad práctica, actual y popular.”

En el Cancionero Sevillano de Nueva York (sign. B 2486) encontramos 5 textos diferentes del villancico “A la villa voy” (3 versiones ‘a lo humano’ y 2 ‘a lo divino’) que se pueden utilizar por ensambles, coros o grupos vocales de música antigua, para cantarlos en distintos ámbitos, reflejando así la realidad de la Sevilla del siglo XVI y aprovechar, a un tiempo, la riqueza literaria de los mismos (eso sí, indicando siempre la procedencia del texto para evitar confusiones y malos entendidos).

Los poemas son los siguientes:

  • los números 26 y 214 son glosas ‘a lo divino’ (como vemos en el encabezado, el compilador del Cancionero especifica “AL TONO DE «A LA VILLA VOY»)
  • y los números 498, 506 y 523 son tres preciosas versiones ‘a lo humano’ (en el encabezado aparece simplemente la palabra “OTRAS”).

 

Nº 26

OTRAS [DEL SACRAMENTO AL TONO DE «A LA VILLA VOY»]

A la tierra voy
y del cielo vengo:
si no son amores,
no sé qué me tengo.

Vengo desde’l cielo
y doyme en comida,
para dar la vida
al honbre en el suelo,
y con este zelo
siempre voy y vengo:
si no {son amores,
no sé qué me tengo}.

Quiero al hombre dar
mi cuerpo precioso
en pan muy sabroso,
dulce de gustar;
con este manjar
de gracia mantengo:
si no {son amores,
no sé qué me tengo}.

Christiano, ¿qué piensas?,
gusta este bocado,
serás descargado
de culpas ynmensas.
Hazes mill ofensas,
y muy pocas vengo:
si no {son amores,
no sé qué me tengo}.

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Nº 214

OTRAS [AL TONO DE «A LA VILLA VOY»]

De los cielos soy,
a la tierra vengo:
amores del honbre
bien sé que los tengo.

A la tierra fueron
mis ojos mirando,
al hombre llorando
con pena le vieron.
Por te remediar
de los cielos vengo:
amores {del honbre
bien sé que los tengo}.

De carne vestido,
tomé sus dolores
y por sus amores
la vida é perdido.
Por le consolar,
de los cielos vengo:
amores del honbre
bien {sé que los tengo}.

Yo traxe del cielo
al honbre riqueza
y de su pobreza
me vestí en el suelo.
Por consuelo dar,
de los cielos vengo,
amores {del honbre
bien sé que los tengo}.

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Nº 498

[OTRAS]

A la villa voi,
de la villa vengo:
si no son amores,
no sé qué me tengo.

A la villa fueron
mis ojos mirando,
bolvieron llorando
por otros que vieron.
Ojos me perdieron,
sin el alma vengo,
si no {son amores,
no sé qué me tengo}.

Siento un mal estraño,
y no ai quien se duela,
si alguien me consuela,
es con desengaño.
Huyo y topo el daño
y d’él me mantengo:
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

Si afloxa el dolor
creçe la esperança,
si hago mudança
siéntome peor.
Mátame el amor,
y nunca me vengo:
si no {son amores,
no sé qué me tengo}.

Quiero declararme
y no me resuelvo;
huyo, torno y buelvo,
sin determinarme.
Quiero retirarme
y más me detengo:
si no son amores,
no sé qué me tengo.

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Nº 506

[OTRAS]

A la villa voy,
de la villa vengo:
si no son amores,
no sé qué me tengo.

Por mi zagalilla
vivo enajenado,
el cuerpo en el prado
y el alma en la villa;
no es pena senzilla
la que yo sostengo:
si no son {amores,
no sé qué me tengo}.

Anda mi ganado
de exido en exido:
mal será él cobrado,
siendo yo perdido;
écholo en olvido,
vo a la villa y vengo:
si no son amores,
no sé {qué me tengo}.

En mi mesmo apero
m’estrañan los perros,
huyen los bezerros
de su ganadero;
debe ser mal fiero
el que yo sostengo:
si no son amores,
no sé {qué me tengo}.

Tengo aborrescido
mi hato y apero,
y por esto muero
si estó en el exido;
y así, sin sentido,
vo a la villa y vengo:
si no {son amores,
no sé qué me tengo}.

¡Ay, mi Dios, quán bellos
deven ser sus ojos,
pues cien mill enojos
pierdo sólo en vellos!
Por verme cab’ellos
vo a la villa y vengo:
si no son {amores,
no sé qué me tengo}.

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Nº 523

[OTRAS]

A la villa voy,
de la villa vengo:
si no son amores,
no sé qué me tengo.

A la villa fueron
mis ojos mirando,
bolvieron llorando
por otros que vieron;
ojos me perdieron,
yo sin alma vengo,
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

Por una zagala,
pienso, es mi reqüesta,
que la vi la fiesta,
vestida de gala.
Ningún mal yguala
al que yo sostengo:
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

Siento una pasión
enbuelta en cuydado,
que triste y penado
trae el coraçón.
Que sea la razón,
pienso, voy y vengo:
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

Si acaso es amor,
¿cómo no mejora?,
y si otro dolor,
¿cómo no enpeora?
Un punto ni ora
en mejora tengo:
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

Va mi pensamiento
contino al aldea:
no sé qué se sea
este movimiento;
viene muy contento
a mí, que no vengo:
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

Pena y discontento,
dolor y cuydado
en mí an señalado
su lugar y asiento.
Con esto que siento
la vida sostengo:
{si no son amores,
no sé qué me tengo}.

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