LAS JÁCARAS: De los burdeles a las catedrales

Francisco Domínguez Marques, Lance en el siglo XVII

“La palabra jácara, (derivada de “jaque”: malhechor), designa en su origen el romance cantado sobre la vida y andanzas de un rufián o valentón, habitualmente acompañado de su dama ‘prostituta’. La jácara era una pieza muy demandada en el espectáculo teatral barroco, y podía ir como pieza exenta (se representaba entonces en los entreactos) o bien dentro de una comedia o un entremés, para darles variedad.
Poco a poco, se convertirá en una especie de entremés cantado (normalmente por una actriz) o con alternancia de trozos cantados y representados (y a menudo bailables), con protagonistas rufianescos, que por lo general terminan recibiendo su castigo. La jácara, ya dialogada (recitada), ya entremesada (representada), describe el mundo marginal del hampa, dando entrada a su léxico peculiar, el de la germanía literaria […]

1Dejando aparte ciertos precedentes como las composiciones recogidas por Juan Hidalgo en “Romances de germanía” (Barcelona, 1609), las jácaras poéticas —con escasas dimensiones teatrales— más célebres son las de Quevedo, que ha sido considerado el creador del género. Su “Jácara del Escarramán” (1612) se hizo famosísima y conoció infinidad de glosas e imitaciones.”- (Carlos Mata Induráin: “Subgéneros del teatro breve del Siglo de Oro: la jácara“).

Escribe Felipe B. Pedraza (“De Quevedo a Cervantes: La Génesis de la Jácara”, 2005): “Si atendemos al Diccionario de autoridades , bajo la voz xácara se nos ofrecen seis acepciones. La primera nos habla de una: «composición poética, que se forma en el que llaman romance, y regularmente se refiere en ella algún suceso particular o extraño». Y aventura una etimología: «Úsase mucho el cantarla entre los jaques, de donde pudo tomar el nombre».
Al lado de esta primera acepción, hay otras, relacionadas con ella, que definen la jácara como «el tañido que se toca para cantar o bailar», o «una especie de danza, formada al tañido o son propio de la jácara».
6En otra, se refiere a los intérpretes y circunstancias en que se ejecuta: «la junta de mozuelos y gente alegre que de noche anda metiendo ruido y cantando por las calles», y aclara: «dícese porque, por lo común, andan cantando alguna jácara».
Y, por último, alude a las consecuencias de estos cánticos: jácara es «la molestia y enfado, tomada la alusión del que causan los que andan cantando alguna jácara».

Como puede verse, a pesar del éxito de la jácara en el teatro durante el siglo XVII y principios del XVIII, el “Diccionario de autoridades” no la vincula a la escena sino es como la composición poética que podía dar origen a uno de los bailes que acompañaban a la representación. Es más: el territorio en que se desarrolla la jácara es el canto callejero y nocturno […]

Este peculiar género poético, aunque se aclimate al teatro, no parece presentar en su origen relación alguna con lo teatral. Los rasgos que hoy juzgamos relevantes (por cierto, poco o nada subrayados por el “Diccionario de autoridades“) son dos:

  • que tenga como asunto el universo marginal de la delincuencia y la prostitución,
  • y que se valga de ese llamativo dialecto que forma el lenguaje de germanía o jerigonza.

carátula CDA lo largo de su historia, se irán añadiendo otras características que, ocasionalmente, permitirán prescindir de la segunda de estas marcas sin que dejemos de reconocer que estamos ante una jácara.
Por las mismas fechas en que Juan del Encina recurría a los villancicos como cierre de la función teatral, Rodrigo de Reinosa ponía los cimientos temáticos de la jácara al reflejar el mundo prostibulario y delictivo en poemas que -al parecer- poco o nada tenían que ver con el teatro castellano aún no nacido.”

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Jácaras – Antonio de Santa Cruz (S. XVII).
(“Libro donde se veran Pazacalles de los ocho tonos i de los trasportados“, Ms. M/2209, Biblioteca Nacional de España).

Intérpretes: Hespérion XX – Director: Jordi Savall.
– Hopkinson Smith (Guitarra barroca)

Imágenes: Pintura del Siglo de Oro.

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Si tomamos como referencia las definiciones del “Diccionario de autoridades” sobre la jácara, vemos que éstas se bifurcan según si damos preponderancia a su condición poética o musical.

representacion teatral

La jácara era uno de los géneros satíricos que se representaban en el entreacto de las comedias del Siglo de Oro español. Posteriormente ha dado nombre a varias composiciones populares de tipo similar en todo el territorio hispanohablante.
En los entreactos era normal que se representaran pequeñas composiciones, que podían ser bailes, loas, entremeses… La jácara era uno de estos géneros. Los personajes solían ser delincuentes, pícaros, chulos, guapos o gente del mundo del hampa. Destaca el agudo humor y el dominio de la jerga de los bajos fondos, germanía o jerigonza , que provocaba la hilaridad con crítica social. El término gerigonza está registrado en el siglo XVII por Sebastián de Covarrubias en su “Tesoro de la lengua castellana o española” (1611):

«Un cierto lenguaje particular de que usan los ciegos con que se entienden entre sí. Lo mesmo tienen los gitanos, y también forman lengua los rufianes y los ladrones, que llaman germanía.
Dixose gerigonça, quasi gregigionça: porque en tiempos passados era tan peregrina la lengua griega, que aun pocos de los que profesaban facultades la entendían, y assí dezían hablar en griego el que no se dexava entender. O se dixo del nombre gyrus, gyri, que es buelta y rodeo, por rodear las palabras permutando las sílavas o trastocando las razones; o está corrompido de gytgonza lenguaje de gitanos». (1611, sv. jeringonza).

También era propio un tono especial al cantar, el tono “de jácara o de jacarilla“, característico de esta composición.
Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo (cuyas jácaras destacan sobre las demás) y muchos otros cultivaron el género.
Antes de ser representada, la jácara ya existía como composición poética en romance, con el mismo tono y tema antes referido.

Escribe Mª José Moreno Muñoz (“LA DANZA TEATRAL EN EL SIGLO XVII”, 2008): “La jácara era otra de las composiciones breves que ocupaban un lugar en las representaciones teatrales. Eran protagonizadas por uno o varios cómicos representando las rivalidades y las fechorías entre los jaques. El nombre de jaque es tomado del lance del ajedrez del mismo nombre, utilizándose figuradamente para nombrar a personajes del hampa, gente de mala vida, acostumbrada a estar en constante actitud agresiva; de ahí que la palabra jácara se utilizara para designar al conjunto de estos rufianes y pícaros. Su éxito se debe al interés de los espectadores por presenciar en escena los hurtos, las disputas, y demás hechos fuera de la ley de personajes marginados de la sociedad como ladrones, prostitutas, presidiarios, pícaros, etc. […] La jácara vive dos etapas distintas, una, como pieza recitada por un actor o una actriz, con forma de romance; otra, como composición dialogada, que sería entonces jácara entremesada.

CD portadaEn su origen, la jácara no era un género dramático propiamente dicho sino una poesía cantada y bailada a veces, conocida por todo el mundo, que gozaba de gran arraigo popular. Según Cotarelo (“Colección de entremeses, …”), Quevedo era el autor de este tipo de poesía, a partir de la mitad del siglo XVII, fundamentado en los “Romances de germanía” de Juan Hidalgo, cuyo protagonista hampesco será Escarramán, que ya era un personaje popular desde años antes. […]
Si en un principio la jácara era totalmente independiente de la acción dramática, consistiendo en el canto, por parte de algún actor o actriz, de un romance, narrando las fechorías de algún criminal, de una forma progresiva adquiere su vinculación con la representación teatral. La música estaba siempre presente, y seguramente también el baile. La jácara gozaba de gran popularidad entre un público tan ávido de innovaciones. Se piensa que tal éxito se debió a Quevedo, pero lo cierto es, anteriormente, las jácaras estaban consolidadas. Al grito de ¡jácara!, antes de comenzar el baile, el público solicitaba la continuación de la fiesta teatral, lo que demuestra el gran favor que gozaba la jácara en esos momentos.”

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No hay que decirle el primor – (Jácaras, anónimo, s. XVII).
(“Libro de Tonos Humanos”, 1655-1656, M. 1262, Biblioteca Nacional de Madrid).

Intérpretes: Hespérion XX – Director: Jordi Savall.
– Montserrat Figueras (Soprano)

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No hay que decirle el primor – (Anónimo, s. XVII).
(Jácara. “Libro de tonos humanos”, BNM, M 1262, 221, f. 247v-248).

Intérpretes: Orphénica Lyra – Director: José Miguel Moreno.
– Nuria Rial (Soprano)
– Jordi Domenech (Contratenor)

LETRA:

No hay que decirle el primor
ni con el valor que sale,
que yo sé que es la zagala
de las que rompen el aire.

Es tan bizarra y presumida,
tan valiente es y arrogante,
que ha jurado que ella sola
ha de vencer al Dios Marte.

Si sale, que la festejan
las florecillas y aves,
juzgará que son temores
lo que hacéis por agradables.

Muera con la confusión
de su arrogancia, pues trae
por blasón de la victoria,
rayos con que ha de abrasarse.

No la doy a entender flores
ni a vosotras bellas, y así
que este amoroso festejo
sólo por ella se hace.

Que como deidad se juzga,
de su hermosura se vale,
y quiere que el mundo sepa
que no hay beldad que la iguale.

Y aunque su valor es mucho
y su beldad es tan grande,
si la mira acreditada
bien pueden todas guardarse.

Si ella de cruel se precia,
muera a manos de crueldades,
y acabará como ingrata,
ya que yo muero de amante.

 

La jácara anónima “No hay que decirle el primor“, está conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid, en el manuscrito llamado “Libro de tonos humanos“. Esta enorme antología compilada por Diego Pizarro, entre 1655 y 1656, contiene más de 200 piezas polifónicas profanas, y representa una de las fuentes más importantes de la música española de la primera mitad del siglo XVII.

Miguel Querol Gavaldá (“La Música en la obra de Cervantes“, 2005), escribe sobre ella: “Es una jácara cantada. Cervantes se refiere a ella en “El rufián dichoso“, dando lugar a una canción bailada sobre un tema de la vida picaresca. En época de Cervantes fue puesta en escena como intermedio teatral.”

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[Las Jácaras a lo divino]:

“Con las jácaras se manifestó un interés por reflejar el mundo o submundo del lupanar y el hampa, uno de cuyos tipos sociales, el jaque o rufián, ejercía de protagonista a partir de la descripción de sus hazañas. El estuche métrico favorito para cantar esas aventuras era el romance, siguiendo la tradición del romance de germanía del siglo anterior; la lengua que se empleaba era la de la ladronería, la jerga de los delincuentes y maleantes, o sea, la germanía, «lenguaje paralelo y coexistente con la lengua normal».
Carátula2Pero esta definición genérica, identificada con la truhanesca, llevaba implícita también un paso más allá en la transgresión de la norma. Así, manteniendo estos paradigmas tan definidos, se llegó al atrevimiento, a la presentación de las vidas ejemplares vueltas a lo rufianesco”.- (Juan C. González Maya: “Las Jácaras a lo divino: Un inédito de Cáncer y Velasco”).

Escribe Enrique Flores (“La Musa de la hampa: Jácaras de Sor Juana”): “[…] la jácara se adaptó, también, a las exigencias de las ceremonias sagradas. Lo mismo Lope que Antonio de Solís compusieron jácaras a lo divino, y ya en la década de 1670 la jácara se había convertido en tradición obligada y pieza inevitable de las colecciones de villancicos. Cosa extraña: la jácara, ese romance apto para cantarse en antros y cocheras, encontró su último refugio en la Iglesia, donde, al igual que los delincuentes que la inspiraban, podía y pudo ampararse en sagrado”.

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EN LA NOCHE MÁS BUENAJuan Gutiérrez de Padilla (1590 – 1664).
(Jácara a 4. Año 1655 – “Archivo de la Catedral de Puebla”, México).

Intérpretes: Ars Longa de La Habana – Directora: Teresa Paz.
(http://www.almaviva.es/catalogodefault.php?disco=DS-0142)

Imágenes: Catedral de Puebla de los Ángeles (México).

LETRA:

[Romance]

En la noche más buena,
lúcida y serena,
un niño gracioso,
valiente y hermoso,
desnudito al aire y al hielo,
lidia y vence
con bizarría,
a la la la la lay li la,
¡oiga!, ¿Quién es de la vida?,
a la li la li lay la,
¡oiga!, ¿Quién es de la hampa?

[Coplas]

1. Óigame todo valiente,
a lo de tejas arriba,
escuchen si no está sordo,
pause si no está de prisa.

2. El valiente de la hampa,
que a lágrimas desafía,
al cielo si se encapota,
a la tierra si se eriza.

4. Perdido le traen al mundo,
cuidados de una perdida,
que en la tierra no campara,
sin amor la valentía.

5. La dama es una villana,
que tiene de presumida
más puntos que un canto llano
y más toldos que la villa.

7. Por ella pues esta noche,
que parece mediodía,
te la mantiene bizarro
porque todo se le rinda.

8. Contra el tiempo en la campaña,
puso una tienda pajiza,
de todas partes abierta
porque de todas le embista.

13. Por suyo ha quedado el campo,
no hay fuerza que lo resista,
ningún valor se le opone,
y ningún aliento chista.

 

Juan Gutiérrez de Padilla (Málaga, España 1590 – Puebla, México 1664), fue compositor y Maestro de Capilla de la Catedral de Puebla.

La Catedral de Puebla (México), no solo es uno de los templos más importantes de América, sino uno de los más grandes centros musicales del Continente durante los siglos XVI y XVII. La discografía de la música virreinal se ha disparado en los últimos años, y ahora se podría ilustrar bien, una historia de la música en la Catedral de Angelópolis o Puebla de los Ángeles. Desde el portugués Gaspar Fernandes (c. 1570-1629), que se hizo cargo del magisterio de capilla de la Catedral en construcción el año 1606. Luego, Antonio de Salazar, cuyo discípulo Manuel de Sumaya (c. 1685-1755) fue autor de la primera ópera mexicana, La Parténope, en 1711, y es uno de los grandes maestros del barroco tardío en aquel continente.

La polifonía, heredera de la que floreció en la metrópolis, tuvo en la ciudad de México o en la vecina Guatemala grandes cultivadores, desde el extremeño Hernando Franco (1532-1585) hasta el italiano Ignacio de Jerusalem (c. 1710-1769), pero Puebla ostentó, durante todo el siglo XVII, la primacía de la música eclesiástica, ya de la litúrgica en latín, bien de la que se cantaba en castellano por medio de villancicos, género favorito en España en el campo de la música religiosa. Basta recordar los nombres de Juan Gutiérrez de Padilla y de uno de los cantores a sus órdenes, el organista Francisco López Capillas (c. 1608-1674), maestro a su vez de Juan García de Céspedes (c. 1619-1678).

En la jácara a lo divino “En la noche más buena” se nos presenta al Niño Jesús como «guapo» o «valentón», es decir, como un personaje del hampa.
Y en la preciosa jácara “A la xácara, xacarilla“, a la Virgen María como una mujer de bandera.

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A la xácara, xacarillaJuan Gutiérrez de Padilla (1590 – 1664).
(Jácara a 4. Año de 1653 – “Archivo Musical de la Catedral de Puebla”, México).

Intérpretes: Ars Longa de La Habana – Directora: Teresa Paz.
(http://www.almaviva.es/catalogodefault.php?disco=DS-0142)

LETRA:

A la xácara, xacarilla,
de buen garbo y lindo porte,
traigo por plato de corte
siendo pasto de la villa.
¡A la xácara, xacarilla!,
xacarilla de novedad,
novedad de novedades,
aunque a más de mil Navidades
que alegra la Navidad.
¡Vaya, vaya de xacarilla!,
que al altísimo se humilla,
¡Vaya de xácara, vaya!,
que el amor pasa de raya,
¡Vaya, vaya, vaya, vaya!.

[Coplas]

1. Agora que con la noche
se suspenden nuestras penas,
y a pagar culpas ajenas
nace un bello benjamín,
si el rey me escuchara a mí,
oh! que bien cantara yo,
como ninguno cantó,
del niño más prodigioso.

2. Con licencia de lo hermoso,
rayos desenvaina ardientes,
escúchenme los valientes
esta verdadera historia,
que al fin se canta la gloria
y a él la cantan al nacer,
general se vió el placer
que el cielo a la tierra envía.

3. Que en los ojos de María
madrugaba un claro sol,
con celestial arrebol
mostró la aurora más pura,
muchos siglos de hermosura
en tan pocos años de edad,
si no sol era deidad,
y el sol es quien la ha vestido.

4.Quién como ella le ha tenido,
quién como ella le tendrá,
virgen y madre será
del que es sin principio y fin,
serrana y más serafín,
¡qué serrana y qué mujer!,
porque Dios quiere nacer
apercibe su jornada.

5. La bella bien maridada,
de las más bellas que ví,
bien es que se diga aquí
de su esposo lo galante,
el más verdadero amante
y el más venturoso joven,
sin que los cielos le estorben
dentro de un Ave María.

6. Muerta de amores venía
la diosa de los amores,
salúdanla ruiseñores,
y por madre de la vida
le daban la bienvenida,
perla a perla y flor a flor,
a un portal los llevó amor
en la noche más helada.
………

10. Valentía en el donaire
y donaire en el mirar,
para empezar a pagar
de un criado obligaciones,
bañando está las prisiones
con lágrimas que derrama,
tiene de campo la cama
del hielo puesto a rigor.

11. Hay verdades que en amor
siempre fuisteis desgraciada,
las torpezas confirmadas,
el más tonto más se afila,
ya la gaita bailó Gila
que tocaba Antón Pascual,
dejémosle en el portal
con principio de romance.

12. Y pues no ha de haber más lances
y mi xacarilla abuela,
acabose y acabela
que era de vidrio y quebrela,
acabela y acabose
que ésta va al hielo y quebrose,
acabose y acabela
que ésta va al hielo y quebrela.

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Como vemos, la jácara, que fue romance y género teatral, que fue baile, fue danza y fue música, alcanzó su apogeo durante el siglo XVII y refleja como ninguna otra manifestación artística, esa misteriosa fascinación que despierta el mundo marginal de unos personajes que viven al límite, jugando continuamente con la muerte y para los que no existe el ‘mañana’ sino el ‘aquí y ahora’.
La jácara evolucionó y supo acomodarse al gusto de ambientes totalmente opuestos a los que la vieron nacer, pasando de los antros a los teatros, de las callejuelas a los palacios, de los burdeles a las catedrales, pero manteniendo siempre el “tono jácaro”.

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Enlaces:

Jácara (Wikipedia)

“ROMANCES DE GERMANÍA de Varios Autores: Con el Vocabulario por la orden del a.b.c. para declaración de sus términos y lengua”, Juan Hidalgo (Edición Madrid, 1779)

Antonio de Santa Cruz (Wikipedia)

Juan Gutiérrez de Padilla (Wikipedia)

– Carlos Mata Induráin: “Subgéneros del teatro breve del Siglo de Oro: la jácara

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